Cuando pasa una luz lejos de la
orilla, la tomo y me afirmo como puedo, me cuelgo sobre sus hombros, y con mi
espada le ayudo a cortar malezas en el camino. Siempre que me preguntan cuánto
tiempo queda respondo que nunca hubo ese elemento, todo está como siempre, nada
ha avanzado ni retrocedido, ni perdido ni ganado. Solo está la aparente
movilidad que nos miente una y otra vez con sus suaves y bellos deseos,
juguemos hasta que nos aburramos pero no nos aburramos sin antes terminar de
sonreír.
Embellecer el espacio creado con la
chispa más potente que encontremos en la bóveda central. Cuantos caballeros
acompañarán nuestras hazañas, pero a la vez cuantos caerán en el camino
desplegado de enarboladas distracciones. Las bellas doncellas que cultivaran su
más sagrado elixir en la ardiente copa flamígera de vida dulce y multiramificada.
Al ver el pináculo del otro lado del
bosque inhalé gran cantidad de aire y pretendí no escuchar las grandes
disonancias ya tantas veces vociferadas por las multitudes.
Bajo mis pies piedras infinitas que hundianse
en mis plantas, no veía la distancia entre mis codos y manos con tanta
alga espesa y áspera. Tras mis ojos un abanico de cuadernos sonreían:
"Clases circulares."
"Composición de oleaje orquestal."
"Tipografía analítica."
"Los sonidos y su traducción física."
"Representación pacifica del entorno
irreflexivo."
"Traducción de las impresiones
pendientes."
"Fundamento del actuar."
"El silencio y su sensación de
seguridad."
La artillería pesada no tardaba en
aparecer, me encaramé como pude en la liana más próxima, no éramos pocos los
que sobrevolábamos la estampida. Sobre nuestras cabezas los predadores imperiales vigilaban atentos a cualquier
error y descuido.
Detrás de unas calabazas rojas y
azules encontramos una planicie, reducimos a polvareda aquellas imitaciones mal
engendradas de alimentos nobles. y nos agachamos para no ser descubiertos.
Ni grillo ni rana anunciaban la alicaída
noche, todo parecía pertenecer a la misma epidemia de sangre y trino que con
burlas recobraba sus fuerzas mal intencionadas. Todo gemir y llanto se
disfrazaba de risa, mas ocultaba una pena incomprendida y duradera. Nosotros
seguíamos con la cabeza agachas, esperando el momento adecuado para continuar.
El tambor de profundo rigor y noble descendencia nos daría la señal en el
momento preciso.
Tam-ta (sonó)
Y como la brisa del viento que
repentinamente impulsa a gran velocidad las alas del águila magistral. Nos
dejamos asistir por aquel revuelo que espantó toda sobra de dudas y
agarrándonos con los nervios mismos clavados al resplandor profundo y fugaz,
desaparecimos dejando una gran ráfaga aguda.
Vimos entrecortadas imágenes que
se reflectaban en la córnea.
Debieron ser siete respiraciones las que alcanzamos a dar, cada una con un
aroma diferente antes de que la misma precisión imprevista nos dejara situados
donde las esferas son de azul profundo y los imanes movilizan diamantes de
auras gigantes.
Flotando lejos los unos de otros nos
vimos en la tarea de autoabastecernos solo con inhalaciones e impresiones bien
masticadas por aproximadamente veintiún
momentos.
Las yemas de los dedos se veían
dilatando cada vez más los grandes surcos creados por la humedad.
En aquellas noches era fácil
perderse en los recuerdos...
...Las caricias de antaño.
Añoranzas de dulces cuellos.
Rondas de cosquilleo y júbilo.
Los naranjos tejidos de los cojines
a la luz del alba.
El polvillo inquieto del atardecer
entregado por el espectro visible.
Las degustaciones de comisuras...
Cuando el frío comenzó a despertar
la fantasía, también comenzó a desvanecer el
anhelo, y cuando por cosas del neuroespacio, las conexiones dejaron de relacionar
lo añorado con lo perdido, y lo inexistente con lo real. Me percaté donde
estaba.
En medio de un océano de espaldas a
las profundidades.
Mi visión no distinguía el cielo del
mar inquieto que bordeaba mi parabrisas ocular.
Me levanto para flotar verticalmente.
Me mantengo calmo expectante.
Sobreponiéndome a los síntomas de absolución pataleo con tranquilidad,
mis brazos mezclan la gran olla marina con suaves movimientos sincronizados.
Mi corazón bombea al ritmo de las
olas que estallan a lo lejos.
Por fin no hay más que el presente
continuo.
Una llama acrecienta en mi corazón
el entusiasmo perdido.
Todo vale absolutamente en el
existir constante.
Devenir que pendulas como insistente
circunferencia en palpitación
Aquel centro donde me encuentro en
comunión con todo.
Cuando percibo la complacencia desde
un punto externo.
Cuando me nado dentro de mi propio
amanecer.
Cuando pasa una luz cerca de la
orilla la tomo y me afirmo como puedo...



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