jueves, 20 de septiembre de 2012

Ancla Reb



Como una gran desencadenación, el viento ha encumbrado toda esperanza, una sutil sonrisa contagiosa, una espontaneidad deliciosa, sin esperar algo a cambio, tu baile despertó mi curiosidad, las más ricas armonías, después de eso la distancia solo era una medida inútil, nuestras miradas se buscaban incesantemente, no se cansaban de perseguirse, cuando se encontraban el confort era absoluto, nuestra felicidad fue inocultable, tu soltura extravagante, tus movimientos exagerados pero en armonía con tu desplante, yo reía sin parar, mi felicidad rozaba la bobería, casi neutralizado de éxtasis, tus labios llegaron y se estrellaron con los míos, sin ápice de entorno, en la danza exquisita éramos solo tú y yo, pudo haberse acabado el mundo diez veces y seguiríamos en nuestra dimensión. 

Salimos, caminamos, nos sentamos a conversar, ya habíamos pasado años juntos, vidas enteras, en los pocos metros recorridos hasta la banca, nos dábamos datos de procedencia, en realidad solo palabras que hacíamos calzar con entretención, nuestra eternidad era muy dulce, todas nuestras vidas coincidían de forma maravillosa, y sentados no pude dejar de acariciarte, tu cabello, mis dedos se hundían entre tu pelo, masajeando tu cráneo, tu boca deliciosa no entregaba si no la cuota exacta que el ritmo de mi corazón pedía, tu olor era un deleite continuo, si lo pudiera representar en una nota sería REb, sonreías, todo se me hacía perfecto en ti, no ocultabas nada o todo, pero lo hacías muy bien con astucia veloz y hermosa, los abrazos eran sinceros, desapego total del repelente modo de tratar humano al que acostumbraba, mas parecía que el propio reflejo de la luz más pura de mi existencia se encontrara en ti, acurrucada entre mis brazos, comentaste tus hippismos trances y ritos sanpedreados, esto solo hizo calzar en mi mente un poco más esta afinidad extraestelar que nos sucedía, mi contemplación hacia tu entrega me hacía sentir libre, sin ganas de cuestionarme el por qué te había sacado a bailar precisamente a ti, por qué había querido ir al galpón, por qué había decidido estudiar pedagogía en música... todo fue un desencadenamiento precioso, lleno de intervalos, disonancias, y piezas tanto bellas como macabras, y ahora ahí, completamente enamorado de una desconocida; pero ¿qué tan desconocida? Si era la felicidad plena hecha mujer, y aquella felicidad la había sentido en otras épocas, en lejanas épocas empolvadas, en antiguos escritorios y en papeles amarillos, esa era aquella misma felicidad, una gota de aquella plenitud, a la que nos acercamos en todo fin y todo comienzo, si no hubiese sentido tanto fulgor quizás no me dejaría nunca de cuestionar la vida humana, pero ahí estaba, la razón absoluta por la que el hombre nace, la entrega gloriosa del apetito recíproco, un amor libre de pasados mortales y expectativas futuristas.

Solo recuerdo caminar un último trayecto hacia el paradero, tu llevabas tu burrita, yo no hacía otra cosa que saltar entre nubes, llegando a la parada continuamos olfateándonos, besándonos, abrazándonos, no te contagies de este Santiago Reb, no te contamines nunca! oliste mi cuello, ¿cuál es mi nota? Pregunté. Sol dijiste, solo Sol… mis ansias reventaron, mi humanidad se me salió por la nariz, no fui capaz de retenerlo por más tiempo y pregunté ¿Cuando te veo de nuevo? Tu expresión lo dijo todo en un segundo, hasta cambiaste mi nota a un Bm, yo embobado aún no entendía. Fue así como te dejé ir, sin más... Un último beso y tu burrita emprendió el rumbo, mi corazón comenzó a comprender. Fui feliz, fuimos felices, nos amamos, ambos lo hicimos, y yo comencé a agradecer, callado y sonriente. 

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