Segundo paso, controlar la energía vital que se apelotona y tiende a escaparse, más en días nublados.
Entre el negro azulado de la noche y el amarillo anaranjado de la fogata estábamos celebrando eufóricamente el rito de la selva, adentrados a lo profundo de la cordillera nada nos podía detener, corrimos por el plateado camino y descendimos hasta el río, nuestros cuerpos desnudos disfrutaban salir a la luz, bañarse e impregnarse de aquella energía por completo, el manantial inagotable nos bendecía y nuestras sonrisas eran pura vida, el frío no alcanzaba a entrar porque la adrenalina era de hierro, subimos la ladera y corrimos nuevamente, nada nos detenía, entonábamos juntos aquella canción.
Cantando se pasan
las horas volando
con tantas figuras
que puedo yo hacer
bajo las plicas
hay oculto un secreto
milenario.

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