miércoles, 25 de abril de 2012

Hemisferios en balance


Crítica japonesa al industrialismo occidental, publicada originalmente en el Daily Mail de Japón (1980) por el vizconde Torio, quien estaba profundamente versado en filosofía budista y además tenía n alto rango en el ejército Japonés:

“El orden o el desorden de una nación no depende de nada caído del cielo ni surgido de la tierra. Está determinado por la disposición del pueblo. El pivote alrededor del cual gira la disposición popular es el punto donde se separan las motivaciones públicas y las privadas. Si el pueblo está influido principalmente por las consideraciones públicas, el orden se ve asegurado; si lo está por las privadas, el desorden es inevitable. Las consideraciones públicas son aquellas que urgen a la observación adecuada de los deberes… Las privadas son las sugeridas por motivos egoístas… Mirar nuestros asuntos familiares con todo el interés debido a nuestra familia, y los nacionales con todo el interés debido a la nación, esto es cumplir nuestros deberes adecuadamente y estar guiados por consideraciones públicas… El egoísmo nace junto con el hombre; darle rienda suelta significa convertirse en una bestia. Por ello los sabios predican los principios del deber y el decoro, de la justicia y la moralidad, que ponen freno a los fines privados y favorecen el espíritu público… Lo que sabemos de la civilización occidental es que lucha desde hace largos siglos en una confusa condición y que finalmente ha alcanzado un estado de cierto orden; pero que incluso este orden por no fundarse en principios como los de las relaciones naturales e inmutables entre soberanos y súbditos, padre e hijos, con todos sus derechos y obligaciones correspondiente, se encuentra sujeto a un cambio constante de acuerdo con el crecimiento de las metas y las ambiciones humanas. Admirablemente adecuado para las personas cuyas acciones están controladas por la ambición egoísta, la adopción de ese sistema en el Japón es buscada naturalmente por cierta clase de políticos. Desde un punto de vista superficial, el tipo de sociedad occidental es muy atractiva, y en la medida en que es el resultado del libre desarrollo de los deseos humanos desde tiempos antiguos, representa el mayor extremo de lujo y extravagancia. Resumiendo, el estado de cosas alcanzado en occidente se basa en el libre juego del egoísmo humano y solo se logra dando amplio campo a esa cualidad. Se presta muy poca atención a los disturbios sociales en el occidente; sin embargo son a la vez el testimonio y los factores del presente malestar… En el oriente, desde tiempos antiguos, el gobierno nacional se ha fundado en la benevolencia y ha tendido a asegurar el bienestar y felicidad del pueblo. Ningún credo político ha sostenido jamás que debiera cultivarse la fuerza social con el fin de explotar la inferioridad y la ignorancia… Ahora bien, para satisfacer las necesidades de un solo hombre fastuoso son necesarias las labores de mil hombres. Con seguridad que es monstruoso que aquellos que deben al trabajo los placeres sugeridos por su civilización olviden lo que le deben al trabajador y lo traten como si no fuera un semejante. Pero la civilización, según el Occidente, sirve solo para satisfacer a los hombres de grandes deseos. No tiene ningún beneficio para las masas, sino que solo es un sistema en el cual compiten las ambiciones para establecer sus propios fines… El hecho de que el sistema occidental sea gravemente perturbador para el orden y la paz de un país, lo han visto los hombres que tienen ojos y lo han oído los que tienen oídos. El futuro del Japón bajo un sistema tal nos llena de ansiedad. Un sistema que se funde en el principio de que la ética y la religión están hechas para servir a la ambición humana, naturalmente está de acuerdo con los deseos de los individuos egoístas; y teorías tales como las que implica la formula moderna de libertad e igualdad aniquilan las relaciones  establecidas de la sociedad y son una afrenta al decoro y la decencia… Como la libertad y la igualdad absoluta son inalcanzables, se suponen establecidos los límites prescriptos por el derecho y el deber. Pero como cada persona busca tener tanto derecho y cargarse con tan pocas obligaciones como le sea posible, los resultados son interminables contiendas y disputas legales… Es natural que, si los derechos mutuos de los hombres y su status se hacen depender de los grados de riqueza, la mayoría de la gente, al no tenerlo, no podría establecer sus derechos, mientras que la minoría rica afirmaría los suyos y, bajo la sanción de la sociedad, aplicaría deberes excesivos a los pobres, descuidando los dictados de la humanidad y la benevolencia. La adopción de estos principios de igualdad y libertad en el Japón viciaría las buenas y pacíficas costumbres de nuestro país, haría duro e insensible el carácter general del pueblo y resultaría finalmente una fuente de calamidades para las masas… Aunque a primera vista la civilización occidental presente una apariencia atractiva, adaptada como está a la gratificación de deseos egoístas, sin embargo, puesto que su base es la hipótesis de que los deseos de los hombres constituyen leyes naturales, tiene que terminar al fin en el desengaño y la desmoralización… Las naciones occidentales se han convertido en lo que son después de haber pasado por conflictos y vicisitudes del más serio carácter… el desorden perpetuo es su destino. La igualdad pacífica no podrá ser jamás alcanzada hasta que no se la construya sobre las ruinas de los estados occidentales aniquilados y las cenizas de los pueblos occidentales extinguidos.”