domingo, 21 de febrero de 2010

capitulo 11: quebrando quimera



A un seguíamos ahí esperando, metro Dorsal y solo una persona faltaba por llegar. Ya sabía quien era pero prefería no imaginar, mi mente aún analizaba lo de la noche anterior. Para mí estaba claro el quiebre pero no pude mencionarlo en el momento, cómo hacerlo, era simplemente irracional.


El frío entumecía mis huesos débiles, y las risas con mis amigos intentaban amansar el frágil momento por el que pasaba.
De pronto se materializó, con su cuerpo delgado, su polerón plomo y su cabello negro derramado entre sus hombros. Era sin duda lo más hermoso que había visto desde hace un buen tiempo. Preferí no mirarla, mientras un amigo insistía en lo bien que se veía yo solo cambiaba de posición mi cabeza, desviando la vista.
En el trayecto a la casa ni nos topamos, el total de invitados era un poco superior a los 20, y la cumple añera era amiga de ambos.
Mis horas avanzaban lento, el trago me llamaba a anestesiar mi tan incomoda situación de sobrio en el jardín del alcohol.
Al final cedí.
Mi cuerpo vacilante al cabo de unas horas, se unió a las masas en la danza de la alegría, solo quería distraerme, pasarlo bien.

Quiere bailar contigo.
Dijo un amigo que de hace un rato bailaba con mi distractora y alucinógena muchacha de pelo negro.
De un momento a otro me vi conversando a la orilla de la pista de baile, un centenar de realidades y verdades atascadas en mi interior y en el de ella. Mi lengua intentaba convencerla de que aún no era tiempo, de que ambos sabíamos que terminaríamos juntos, pero no era ese el momento; mi corazón por otro lado luchaba por conservar la compostura y no agarrarla a besos, agravando aún más la situación que pasaba con mi pareja.
Pasamos del patio a la cocina.
Y terminamos conversando en un pasillo a oscuras.
La tentación se hacía cada vez mas irresistible, sus palabras solo provocaban más regocijo en mi interior. Estaba un poco ebrio pero eso no era excusa, la ocasión anterior había estado en peor y pasé sin dificultad la prueba de fidelidad. Sin embargo esta vez era diferente, la pelea de la noche anterior con mi pareja dejaba colgando en hilos las ganas de resistirme a sus viejos encantos...
Su olor volvía a mi olfato.
La piel de sus brazos delgados erizaban mis bellos.
Su voz me atraía a sus comisuras como polen a las abejas.
Finalmente... sus labios
Después de tanto.
Nuevamente sus labios al fin...

Pero en ese mismo instante como flash llegó a mi mente una incomoda sensación
Sus esponjosos labios revolucionaban tres meses casi seguidos de besos a una boca única.
Por suerte el tambaleo de la decisión tomada solo duró segundos, después de eso, solo disfruté de ella.
Su cuello.
Su abrazo.
Recordé todos los buenos momentos, aún sabiendo la mala ocasión en que se generaba, a mi solo me importaba el hecho, en esos momentos solo me importaba ella...

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