martes, 19 de enero de 2010

capitulo 10: las estrellas finales

Había dejado ya el trago, eso empeoraba más las cosas.
Sentado a las afueras del metro Dorsal, esperábamos que llegara el resto de la gente. Sabía que ella asistiría, pero en vez de preocuparme me alegraba, me entusiasmaba la idea de compartir otra noche juntos, tal vez no unidos como en los viejos tiempos, pero estar bajo un mismo techo era suficiente para alegrar un fin de semana que parecía depresivo.
La noche anterior en la fiesta del colegio ocurrió el suceso que menos me esperaba. Después de bailar un poco quise conversar con mi pareja en una banca de la entrada, a un costado del patio. La abracé tratando de analizar que era lo que me perturbaba, la conversación no nos llevó muy lejos. Le pedí que nos recostáramos de espaldas en el asiento y apoyara su cabeza en mi hombro, de modo que mi cabeza reposara en el de ella como si fuéramos celulares con infrarrojo. El cielo estaba despejado, y las estrellas se apelotonaban queriendo mostrar cada una su magno resplandor, lentamente comencé a sentir algo extraño, mis pensamientos comenzaron a enviarle ecos a mis latidos, y la paz que rodeaba el momento produjo una sensación de satisfacción que nunca había tenido, una real ansia de estar con ella, y congelar el tiempo eternamente. Lamentablemente mi pareja no concordaba con el momento de regocijo por el que yo estaba pasando, el tiempo avanzaba y la fiesta se extinguía, para ella no era el minuto de recostarse en una banca a meditar sobre lo hermoso que estaba el cielo en esos momentos.
Toda la noche desapareció de mi vista.
No soy de las personas que busca, y me costaba creer que mi orgullo podía arruinarme otra fiesta. Pero no era solo mi orgullo, ni siquiera nacían en mí las ganas de buscarla.
Cuando al fin la encontré ocurrió lo terrible. Ella salió por entremedio de la muchedumbre mientras terminaba de conversar con mi amigo (hasta ese momento un amigo de dudosa regularidad) eso quizás agravó la situación, una tensa situación de inseguridad y desconfianza que se venía acumulando desde mucho tiempo atrás, si bien, antes ya me había sentido incomodo viendo la cercanía de ambos, en esa ocasión especifica sentí que todo se derrumbaba en mi interior, horas antes, sentados en la banca viendo las estrellas, no necesitaba nada más, era mi karma, estaba justo, completo y por primera vez me había sentido casi enamorado.
La situación se me hacía familiar, no era la primera vez que me ocurría, anteriormente había terminado con una novia, solo por un repentino hecho en específico, que quitaba todos mis deseos de seguir con la relación.
Traté de conversar con ella como si nada me hubiese ocurrido, le pregunté dónde había estado toda la noche, que la fiesta estaba terminando y no habíamos compartido nada. Las respuestas no podían empeorar las cosas, yo ya lo tenía claro, había desaparecido la pasión, las ganas de estar a su lado, me di cuenta que algo me estaba ocurriendo, no es lógico ilusionarse con tal magnitud y caer tan rápido al pavimento. Era simplemente la respuesta de lo que debía hacer: dejar de engañarme, y sobre todo dejar de engañarla.
Mucho tiempo había buscado en ella lo que faltaba en mi vida, tratando de llenarme con su alegría, renacer con sus cariños. Pero era imposible que creciéramos como pareja, éramos demasiado parecidos, tal vez por eso nunca terminamos de complementarnos...

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