Caminaba por los pastos de la plaza, en dirección al paradero de la calle Nataniel Cox, pero antes de llegar a mi destino escuche a una voz susurrar mi nombre, cuando miré a mi derecha, mis nervios se hicieron presente. Era ella quien me llamaba, sentada desde las rocas del parque junto a unos amigos y a su hermana gemela, dirigía sus inseguras peticiones de que me acercara a saludar. Al parecer el clima templado de ese día no era impedimento para recostarse en la hierba húmeda y comprar unas cervezas. Me invitaron un trago y después de un rato fuimos a buscar a otros amigos a la plaza subsiguiente.
Cuando llegamos nos encontramos con un pequeño grupo de jóvenes tocando guitarra, en ese tiempo mi pequeña fama de cantor había llegado a los oídos de su hermana, y estaba seguro que me harían cantar. Nunca me agradó cantar frente a un pequeño grupo de personas, en realidad me cohibía mucho más que hacerlo frente a una gran multitud. Generalmente veía en las caras ese dejo de aburrimiento que no me gustaba generar, y se asociaba mucho a las conversaciones. Por lo mismo siempre he sido una persona reservada con mis sentimientos, pues la cara de la gran mayoría de mis receptores, es de ansias de que termine pronto de hablar para poder tomar la palabra.
De todas maneras tome la guitarra y canté un par de canciones, no me preocupó nadie más que la persona a quien dirigí los temas, sentía en ella esa madurez de saber escuchar que tanto me estaba haciendo falta. Escuchaba entre el guitarreo a su hermana quien le decía que me mirara, que estaba cantando para ella. Pero su timidez la hacía mirar hacia otra parte.
Terminada la cerveza, y con la hora avanzando a pasos agigantados, nos despedimos de los que quedaban del grupo, y acompañe a mi flaca y a su hermana al paradero de San Diego
Volvíamos otra vez al maldito paradero.
Pero esta vez con otras sensaciones. Con mas seguridad, o más confianza tal vez.
De pronto su hermana sentada en la banquita lanzó un comentario que me hizo reaccionar.
Dale el beso luego que es súper tarde...
Era la quinta micro que se les pasaba, y nuestro lerdo coqueteo no llegaba a ningún lado.
Entonces la tome por la cintura, y me acerque despacio pero decidido.
Sus labios.
La más extraña y deliciosa sensación.
Su boca.
Su lengua...
La plaza Almagro volvía a fotografiar nuestra historia.

1 comentario:
Mi niño artistaaa...!!una sorpresa encontrar su blog, bueno con la sensibilidad que tiene era de esperar que tuviera un rinconcito para expresarse. Me encantó canción de cristal, es muy linda, la música y la letra, además la voz de la niña que lo acompaña tambien. Un besito y un gran abrazo de oso, de esos enormes para usted, lo adicione a mi blog para no perderlo. Escriba tiene mucho que entregar, lo quiero mucho y no sea ingrato venga por estos lados, besos.
Publicar un comentario